Un poema visual dedicado al ingenio gastronómico de México, así como a los peculiares y deliciosos sabores por los que bien merece la pena sufrir algún dolor de estómago.
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Únete a esta fiesta de sabores, una celebración del ingenio mexicano para la comida y de esos placeres culposos que hacen que los dolores de panza valgan la pena.
¿Te imaginas tomarte una cerveza con dulces, mariscos y hasta carne seca? En México la pregunta sobra, y el resultado es una adictiva bebida llamada michelada.
Para preparar papitas, hay una sola regla: mientras más cosas les pongas, mejor. Por ejemplo, los vasos chorreados y los dorilocos cumplen perfectamente este requisito.
Siempre hay lugar para el postre, pero con esta variedad de delicias, como las banderillas dulces y las tortas de gelatina, vas a necesitar un estómago de barril.
Un burrito del tamaño de un bebé. Una hamburguesa rascacielos de diez pisos. Hacemos un recorrido por los favoritos de siempre, pero en su versión colosal.
La reina y señora del pan dulce mexicano es un lienzo de experimentación culinaria. Ya sea dulce o salada, se ha convertido en la musa de todos.
Nada tan reconfortante como una torta: un pan cortado a la mitad con miles de cosas en medio. Aquí hay hasta una rellena de tacos que está para chuparse los dedos.